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el mundo no está hecho de átomos| el mundo esta hecho de historias

La comida




Hoy hace tres meses tuve el peor almuerzo de mi vida. Ya sé que comer conmigo siempre será un problema. Soy el peor plan, la peor cita, el más desastroso gourmet.

Paso a explicar: siempre me ha llamado la atención la comida, en todas sus variedades, formas, texturas, colores, mezclas, especies y composiciones. Tanto me llama la atención la comida como los que la comen.
Cómo disfrutan de los insectos marinos, cómo gozan con el pedazo de carne más pellejudo y sangrón; y cómo luchan por obtener a ese animal tan difícil de cazar, pero tan "sabroso" cuando está en la boca. He de admitirlo, aún hasta ahora soy un ignorante del paladar.


Hoy, tres meses después, recuerdo mi desastroso almuerzo. Y todo por que los que me acompañaban en la mesa pidieron platos estrambóticos y yo una simple pechuga de pollo con papas fritas y arroz.

Después de anunciar mi pedido odié a Gastón y su boom gastronómico: Todos me miraron cual bicho raro y el más graciosón (por no utilizar otra palabra que también termina en "ón") y alguien lanzó la frase cruel: "Yo puedo preparar eso en mi casa".


¿Y a mí qué me importa que el tarado ese sepa preparar pollo con arroz? Lo hubiera hecho, pues.

Me hubiera invitado a su casa en lugar de citarme en un restaurante carísimo. ¿O no? Sumemos esto a mi pasada abstinencia. ¡Sí, no tomaba! Ni daiquiris, ni vodka con naranja, ni martinis, ni whisky etiqueta roja, azul, negra, amarilla o violeta, ni pisco mosto verde. No tomaba.
¡Nada! Aunque hasta ahora solo pido jugo de naranja o Coca-cola. Punto.
Pollito con arroz y papas fritas y juguito de naranja.
En eso andaba, explicando lo riquísimo que es esta combinación, cuando me hicieron sentir que era más o menos un imbécil. Sobre todo cuando el ex bacán del colegio tuvo la ocurrencia de decir: "Ah no, yo desconfío de los que no toman". ¡De los que no toman desconfía! Ja. No desconfía de los borrachos, de los alcohólicos, de los enfermos que le roban a su propia madre para poder comprarse su chata de ron. Tampoco de los que manejan borrachos y matan a viejitas; y menos de los que toman y le pegan a sus esposas e hijos. No. El desconfía de los que no toman. Él desconfía de mí.


Y tanto fue su reparo a mi costumbre gastronómica que creó la desconfianza en todos los presentes simplemente porque no tomé licor y porque como arroz con pollo -pechuga- y papas fritas. Ya no sé si me consideraran. Ya no sé si me llamarán alguna vez. Y ya no sé si volver a salir a comer alguna vez con gente que no sea de mi máxima confianza. Lo único que sé es que me gusta el pollo con arroz y papas fritas y el jugo de naranja natural. Qué desastre.

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