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el mundo no está hecho de átomos| el mundo esta hecho de historias

Los tiempos cambian, la cortesía no.



Por muy anticuado que se haya quedado, muchos hombres sentimos aún la presión de tener que pagar nosotros. Si ella se ofrece actuamos como si fuera una locura y aunque en el fondo intuyes que estás haciendo el ridículo, sigues insistiendo como si tu cuenta corriente fuera la de tu gerente...

¡Yo te invito!
No no... ¡Ni se te ocurra, invito yo!

¡Pero si el otro día también pagaste tú!
¡De verdad que me apetece invitarte!
¿Seguro?
¡Insisto, y no hay más que hablar!

En lugar de aceptar la invitación o compartir el gasto, como un chico corriente igual de mal pagado que ella. 

Las gestos de cortesía siempre deberán iniciar de tu parte, pero no te hace menos caballero aceptar un detalle así, y discutir por quién paga la cuenta es ya muy poco ortodoxo.

El asunto es que las oportunidades no avisan, llegan solas, y muchas de ellas quizá te tomen desprevenido, o sea, en tu etapa financiera más crítica.

Empiezas a tener citas en tu etapa más pobre:

"Había pensado que podemos dar un paseo, tumbarnos a mirar las estrellas..." -sugieres. "Mejor vamos al cine y a cenar ¿no?" -propone ella- 

¡Alerta! Plan ruinoso, y más ahora que las palomitas están a precio de bife...

Con el tiempo vas aprendiendo unos truquillos:

¿Otra copa? -Propones con seguridad-
"No, que mañana trabajo...", la respuesta que esperabas con certeza.

Quedar entre semana significa un ahorro considerable pero resta posibilidades de hacer cerdadas...

Hasta que perfeccionas tu técnica al detalle:

Aprendes a cocinar, lo cual es un ahorro incalculable. Preparas una cena, no importa si se te quema un poco, ellas valoran el esfuerzo. Te esmeras en los detalles, cada uno es un punto a favor. ¡Y además ya estás en tu casa!

¡Qué romántico!
"Y barato..." -te dices a ti mismo-

Suerte que una vez de enamorados ya puedes dejar salir tu verdadero 'yo'. Podrías usar tus vales de descuento y pedir te pongan las sobras en un tupper... ¡Por supuesto que no! Veamos, personalmente no lo recomiendo. Dejemos los vales de descuento para el día en que te cases, tengas hijos y una buena mujer que cuide de tu economía. Mientras tanto a seguir arruinándonos, nadie nos enseñó que ser cortés es muy caro pero muy buen recompensado. ¡Y no te olvides de dejar propina o parecerás una rata!

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CONVERSATION

1 comentarios:

  1. Pues fíjate que siendo chica a mí me ha pasado esto tal cual cuando he salido a cenar con chicos y he acabado invitando yo… ahora las cenas en casa y lo de los cupones de descuento ¡qué invento! Sigo siendo pagafantas, pero un poquito menos

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